Por un Chile con Hogar

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Últimamente en Chile ha quedado mucha gente sin hogar, especialmente debido a las catástrofes naturales que tanto nos aquejan. Pero este lugar físico no se trata únicamente de un lugar para pasar la noche o meramente un techo bajo el que vivir, sino de un entorno seguro, que ofrezca la estabilidad necesaria para vivir. En definitiva, un hogar parece ser mucho más que una casa. ¿Te Imaginas no tener un hogar?

Es evidente que todo ser humano tiene esta necesidad básica de arraigo, pero ¿es el hogar únicamente un conjunto de condiciones físicas? Hoy pareciese que, a pesar de haberlas, en muchos casos no está asegurado el hogar. Así como hay personas sin un hogar material, muchas veces existen personas sin un hogar afectivo o un hogar espiritual, que responda a la necesidad profunda de ser amados.

¿Qué implica una carencia de hogar? No es extraño pensar «donde hay hogar, hay amor», y el amor es un vínculo pleno entre las personas. Efectivamente podemos constatar una falta de vinculaciones profundas entre las personas. En el día a día vemos cómo en ciertas realidades las relaciones entre vecinos se mantienen superficiales. Está la idea de que «me gusta que mi vecino me cuide la casa, pero que no se entrometa en mi vida». Practicamos y somos víctimas del individualismo y no somos capaces de confiar en el de al lado, cayendo muchas veces en la soledad y el desencuentro. Sin embargo, en otras realidades podemos observar el caso contario: es tanta la población en tan poco espacio, que no existe verdadera intimidad, y por lo tanto se dificulta un desarrollo auténtico de las personas, que favorezca vínculos sanos y verdaderos.

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La soledad es verdadera y las redes sociales nos lo recuerdan. Es común ver publicaciones de «desahogo»,  peticiones implícitas de afecto, síntomas de soledad y desarraigo en el propio hogar. Pero las redes, con su irrupción abrupta en los últimos años, no sólo son una «plataforma» de desahogo, sino que afectan directamente los vínculos entre las personas. Lo que antes era un saludo de cumpleaños (mérito de la memoria), hoy puede ser una publicación más. Lo que antes era una llamada, hoy puede ser reemplazado por un «whatsapp». Si bien tenemos nuevos herramientas de comunicación extraordinarias y poderosas, fuera de orden reducen la interacción personal y muchas veces empobrecen los vínculos. Todo esto afecta nuevamente en la vivencia de hogar: si olvidamos poner los vínculos virtuales al servicio de la vinculación real, compartimos menos de nosotros mismos y no nos arraigamos en los demás.

Tomando en cuenta lo anterior, podemos concluir sobre un problema de fondo. Y es que la mala o ausente vivencia de hogar en el plano natural, nos dificulta la vivencia de hogar sobrenatural y espiritual: el hogar en Dios. Es comprensible entonces, que hoy en día nos cueste tener una relación personal con Dios, por la cual nos sintamos y sepamos profundamente amados.

El Padre José Kentenich encuentra respuesta a esto en el acto de «regalar hogar» desde el amor paternal de Cristo y el amor maternal de María. Dios es fuente primera de amor, y su capacidad infinita de amar puede suplir nuestra carencia. La invitación es a que este amor nos mueva al servicio desinteresado por los demás. Por un lado tenemos que trabajar como sociedad por asegurar la posesión de un hogar material, pero al mismo debemos tiempo trabajar por la vivencia afectiva y espiritual de éste, practicando la propuesta cristiana de vinculación, que siga el estilo de Cristo y María.

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