María, por medio de los jóvenes, debe ser respuesta

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Qué duda cabe que estamos en un mundo que no sería exagerado definirlo como “patas pa´ arriba”. La gente ya no conversa, sino que prefiere escribirse por las tantas redes sociales que han llegado a nuestra sociedad para quedarse. Esas tantas redes sociales que son protagonistas en las formas de comunicación, quitándonos parte importante de nuestra libertad. El Padre Kentenich, en su época, planteaba situaciones parecidas, no en el ámbito tecnológico, pero identificaba una revolución en el mundo que se podía apreciar en las guerras de la época.

Hoy día la gente cree más en las redes sociales que en algún Dios, y los jóvenes evitan seguir o participar de alguna religión por miedo a la decepción o por miedo al “qué dirán”. Es que tal como lo decía el Padre Kentenich, la iglesia en muchos temas no está siendo respuesta, la gente ya no confía, no quiere acercarse a Misa, no quiere abrirle su corazón a Dios por equivocaciones y errores humanos que bajo ningún punto de vista son justificables, pero muchas veces nos quedamos en los hechos y no nos atrevemos a ahondar más en cómo levantar la Iglesia, cómo construir Iglesia y cómo ser respuesta clara a nuestro tiempo. Esto no es tan nuevo. El Padre Kentenich diagnosticó muchos de los problemas que ocurrieron en su época, y a través de ese diagnóstico logró proponer cambios y renovaciones dentro de la iglesia, que en un principio le valieron el exilio, pero tiempo después fueron tomadas firmemente en cuenta. Nosotros debemos ser capaces de hacer un diagnóstico de nuestro tiempo y ser respuesta clara con la iglesia y para la iglesia, en Dios y para Dios. El PJK no creó Schoenstatt para que sea respuesta a su época o a alguna época en particular, sino que lo fundó para que el movimiento se vaya poniendo al servicio de los tiempos y de los contextos históricos que acontecen en el mundo para así ofrecerse y ser protagonista. Como dijo nuestro fundador: “Un líder debe ser una persona que está con la mano en el pulso del tiempo, y con el oído en el corazón de Dios”.

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Pero ¿qué es ser respuesta? Es justamente lo que se hizo en la época del Padre: es cobijamiento, es refugio, es amor, es vínculo, es reflexión y por supuesto -y sobre todo- es acción apostólica, y esa acción apostólica se logra a través de nuestro acercamiento personal al Señor, aspirar a la santidad diaria, no tenerle miedo a pensar en alto.

Es fácil decirlo, pero difícil ponerlo en práctica, y como jóvenes schoenstattianos somos claramente los llamados a impulsar cambios y volver a poner a Cristo en el centro de la sociedad. Pero ¿qué rol juega María en esto? Ella es quien nos envía, ella como nuestra Madre y como Madre del mundo, quiere salvarlo, quiere devolverle la esperanza a la gente, quiere tomar a los desamparados de la mano y llevarlos a su Hijo, a que no tengan miedo a mirarlo y a aceptarlo en su corazón. María nos llama a abandonar nuestro corazón en Dios.

Entonces, nosotros, desde el Santuario y con María, debemos ser respuesta. Y el método más eficaz, tal como lo dijo el Papa Francisco en la celebración de los cien años de Schoenstatt, es el testimonio. Ese mismo testimonio que nos movió el corazón a nosotros hace algunos años y hoy nos hacen entregarle la vida a Dios y su Madre. No hay nada más sincero y más eficiente para cambiar corazones que nuestra propia historia y nuestras experiencias de vida y de amor. Todo se relaciona, ya que la mejor manera de dar testimonio es a través de los actos, es decir de luchar en el día a día por llevar una vida santa, ser ese hombre nuevo, hacer nuestro el sueño de ser un “interrogante irresistible”, un ejemplo para los suyos. María sólo será respuesta si nos aceptamos sinceramente como instrumentos suyos, instrumentos que lograrán hacer historia y ser respuesta en nuestro tiempo. Así tal cual como el Padre Kentenich y los primeros congregantes se entregaron y se asumieron como instrumentos de María y de esa manera lograron ser respuesta hace cien años, que sus frutos hoy viven en nosotros y debemos entregarlos al mundo. Desde el Santuario, con María, debemos ser respuesta por Dios para el mundo.

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