La Santidad de Hoy

 

Arde

Tal vez esto refleje la rutina de muchos: llegar a la casa después de la pega o los estudios, compartir con la familia y prender la televisión para poder ver las noticias del día. Robos, “portonazos”, escándalos financieros, políticos “descuerándose” mutuamente, violaciones y homicidios son, lamentablemente, mucho más frecuentes de lo que nos damos cuenta. Si buscamos el origen del problema, encontramos que el determinante común de todos es un profundo y enraizado desinterés por el prójimo. Encontramos que es el egoísmo.

Es lógico que hayamos caído en este torbellino de violencia, materialismo y abuso, ya que bajo el egoísmo y el individualismo es cada uno quien determina lo que está bien y lo que está mal. No existen los demás como personas valiosas en sí mismas, sino como elementos útiles para alcanzar la realización propia; no hay leyes ni reglas que limiten nuestra libertad. Sabemos que es una enfermedad que acosa a la persona humana desde el inicio de su historia. Sin embargo, la cotidianidad y la rutina de hoy nos dejan sin tiempo ni energía y muchas veces nos llevan a disfrutar de las cosas fáciles. Esto, sumado a la inmediatez a la que nos hemos acostumbrado, son incentivos para buscar el beneficio y el placer a corto plazo, sin la ambición de poder disfrutar del bien mayor. Tal como decía Juan Pablo II, “hoy se exalta con frecuencia el placer, el egoísmo, o incluso la inmoralidad en nombre de falsos ideales de libertad y felicidad. La pureza de corazón, como toda virtud, exige un entrenamiento diario de la voluntad y una disciplina constante interior. Exige, ante todo, el asiduo recurso a Dios en la oración”.

El llamado a dejar atrás el egoísmo no distingue entre religiones. Tampoco hace distinción entre nacionalidad, profesión o edad. Es un llamado transversal que implica, por sobre todo, el dejar atrás los propios intereses y centrarnos en trabajar de manera ética con el hermano a nuestro lado para así juntos atender al desvalido. Es aplicable a todos los aspectos de nuestra vida: la forma en que realizamos nuestro trabajo, en cómo nos relacionamos y el trato que damos las personas que nos rodean, si actuamos honestamente ante situaciones donde podemos beneficiarnos a costa del resto (¡incluso pasando desapercibidos!). En fin, va mucho más allá de aplicarlo sólo una vez. Es, en la práctica, un estilo de vida que todos debiésemos luchar por conseguir. ¿Es fácil? Claramente, no. De hecho es el camino más difícil, pero es el único que nos hace más grandes como persona y que nos permite crecer como sociedad.

Jornada de Asunción

“Nuestra lucha, ya sea como dueña de casa, profesor u oficinista, es un llamado que compartimos como Familia, el llamado a la santidad. Hemos sido llamados a luchar por la santidad de la vida diaria. Recuerden su definición: hacer todas las cosas de la vida diaria (incluso las más pequeñas) tan perfectamente como sea posible y por un gran amor. Sabemos que esto requiere poner en juego todas nuestras fuerzas morales. En este punto conviene detenerse un momento: sin esa lucha, sin el esfuerzo por desarrollar al máximo, en grado heroico, nuestras fuerzas morales, no lograremos alcanzar el ideal de una genuina santidad de la vida diaria. Aquí no se trata de construir una imagen santa y ponerla en un pedestal, sino más bien de una santidad totalmente concreta y cotidiana. Quien comprenda estas cosas también sabrá que se necesita una enorme fuerza moral para alcanzar este ideal”.

Estas palabras del Padre José Kentenich nos ilustran cómo este estilo de vida transversal nos hace crecer como sociedad pero también a cada uno como individuo. Es decir, se cumple el doble beneficio de preocuparse por el prójimo al tiempo que uno logra la verdadera realización personal. Ser justos, éticos y generosos es el mayor logro al que debemos aspirar. No se necesita un gran cargo de poder, un doctorado o mucho dinero para conseguirlo, pero sin duda es el regalo más grande que podemos entregar. Y, a fin de cuentas, uno solo es verdaderamente dueño de lo que regala.

Universitarios de Campanario

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