¿Sueñas conmigo este sueño?

 Mensaje de la Presidencia Internacional, Navidad 2015

Hace 50 años nuestro Padre y Fundador regresó del largo exilio de 14 años. Un telegrama lo llamó a Roma. Aparentemente nadie envió tal telegrama. Al principio debía volver a Milwaukee. De pronto fueron levantados todos los decretos en su contra. El 22 de octubre terminó el exilio. Cuando cumplió en esos días los 80 años, la Presidencia internacional le prometió el Santuario en Roma como regalo. Él visitó el terreno en Belmonte y el 8 de diciembre colocó simbólicamente la piedra fundamental del Santuario “Matri Ecclesiae” – dedicado a la Madre Iglesia y a la Madre de la Iglesia. El 22 de diciembre lo recibió el Papa Pablo VI en audiencia. El P. Kentenich regresó a Schoenstatt, justo para celebrar la Nochebuena en el Santuario Original. ¡Un nuevo milagro de la Nochebuena!

Estos acontecimientos coincidieron con el término del Concilio Vaticano II. No por casualidad. Sin el Concilio el P. Kentenich no hubiera sido comprendido. Él prometió al Papa que Schoenstatt se comprometería con la misión postconciliar de la Iglesia, y repitió en aquellos días que su epitafio debía decir: “Dilexit Ecclesiam” – ¡Amó a la Iglesia!

Este tiempo tan rico fue para el P. Kentenich un signo fuerte y palpable de la irrupción de Dios en nuestra historia. Como profeta da testimonio de la presencia y del actuar de Dios. Dios en acción. La Santísima Virgen se manifestó admirable y victoriosa por encima de todos los esfuerzos humanos y más allá de todas las negociaciones diplomáticas. Esta es la convicción de fe del P. Kentenich. De esta forma Dios confirmó con su sello el carisma y la misión de Schoenstatt. Como testimonio de esto, para caracterizar ese tiempo que pasó a la historia de Schoenstatt como “el cuarto hito” acuñó la expresión: “vivir en la victoriosidad divina”.

También nosotros, sus herederos, experimentamos algo de esta irrupción de Dios. Lo vivenciamos en el regalo inesperado y milagroso del Santuario Original y en el acontecimiento de gracia del jubileo del 2014. A pesar, o quizá justamente a causa de nuestra debilidad y en nuestra debilidad, experimentamos el poder y la misericordia de Dios.

¿Qué nos dice el Dios de la vida a nosotros, a la generación joven? Queremos portar el fuego del profeta. En una oportunidad el P. Kentenich desafió a su Familia: ¿Sueñan conmigo este sueño?

  1. „Maria clarifica te!“ ¡María se glorificará! Así como entonces, también hoy, en medio de este tiempo de cambio, Ella se manifestará como Reina y Victoriosa. Ella se jugará por la dignidad de todos los hombres y mujeres, por una cultura del encuentro y de la alianza, por la paz tan largamente anhelada y permanentemente amenazada en todo el mundo. María enseñará a la Iglesia a ser ella misma Madre de todos los hombres. A Ella, la Madre de la Iglesia, nos regalamos nuevamente en la Alianza de Amor y ofrecemos nuestro esfuerzo por una Iglesia cada vez más mariana.
  2. Soñamos una Iglesia y un Schoenstatt „en salida“, un Schoenstatt misionero que sale de sí hacia todos los hombres y especialmente a los que viven en las periferias. Como el P. Kentenich lo prometió hace 50 años, queremos dar lo mejor de nosotros por una Iglesia renovada, servicial, animada por el Espíritu y alma del mundo (cf. P. Kentenich 8.12.1965 y Memorandum Pentecostés 2015).
  3. El mensaje de la misericordia: hace 50 años el P. Kentenich habló de “la nueva imagen del niño, del padre y de la comunidad”, impregnada por la misericordia del Padre, como fruto del exilio y de la irrupción de lo divino (Carta de Navidad, 13.12.1965). Hemos de experimentarnos como “hijos del rey, miserables pero dignos de misericordia, y de este modo caminar por la vida de modo especial como predilectos del amor infinitamente misericordioso del Padre Dios”. Compartimos la convicción del Santo Padre Francisco que la misericordia es el mensaje central de la Iglesia al mundo de hoy. “Misericordiosos como el Padre” es por ello el lema del Año Santo de la Misericordia, que el Papa Francisco inaugura hoy. En el Santuario Original y muchos otros Santuarios se nos invita a atravesar “la puerta de la misericordia”.

Tres palabras legó el P. Kentenich entonces a su Familia, que quizá valgan hoy más que nunca: ¡Hijo, no olvides a tu Madre! ¡No olvides tu miseria! ¡No olvides el amor misericordioso del Padre Dios!

Hace 50 años la Familia experimentó una profunda comunidad de corazones con y en el Padre y Fundador: Cor unum in Patre. Esta íntima comunión de uno con el otro, por el otro y en el otro, fue fruto, pero a la vez condición para que Dios irrumpa y emerja entre nosotros. Creemos firmemente que esto es también lo que Dios espera y desea de la Familia de Schoenstatt hoy, para que suceda un nuevo milagro de la Nochebuena…¡y el sueño se haga realidad!mensaje presidencianavidad2015

En nombre de la Presidencia Internacional, Su

firmapjpcattogio

P. Juan Pablo Catoggio

Roma –Belmonte,  8 de diciembre, 2015

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