Partimos a Cuba

Partimos a Cuba. ¿Cuba? ¿Por qué? ¿A quién se le ocurre partir para allá? Bueno, a nosotros. Y… a Ella, a la de siempre, a la MTA. ¡Ella quiere llegar a los corazones de los cubanos sea como sea!, ¡instalarse como la Reina! ¡Esta mujer que no se cansa de recibir hijos! Y nosotros que ya sabemos que somos hijos suyos queremos salir a mostrársela a muchos más, y con Ella, el camino a Jesús: el alegre, lleno de calor de hogar y vinculaciones. Lleno de Madre.

Y es que el camino que Dios ha ido haciendo con este país es impresionante:

Hace alrededor de 15 años un grupo de Universitarios de Campanario fueron a la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, y allí se convencieron de que se necesitaba una misión que se pusiera al servicio de una Iglesia casi destruida después de 40 años de prohibición de aparecer públicamente y con muchísimas limitaciones.

Así, después de muchas idas y venidas, lograron partir a La Habana para trabajar dentro de la universidad invitando a reuniones donde compartían conversaciones acerca de la religión. Se llenó. Llegaron a haber 50 jóvenes que visitaban su departamento sólo para hablar de la vida y de Dios. Las preguntas empezaron, de dónde venían, qué hacían, cuál era su espiritualidad y Schoenstatt salió a colación. Entonces quisieron saber más: el Santuario, la Alianza de Amor, la Mater, ¡todo! A los pocos meses alrededor de 30 jóvenes cubanos habían hecho la Alianza.

Entonces vinieron problemas, no los dejaban partir por más de un mes y la misión que había sido tan fecunda no pudo seguir. Pero mientras tanto, allá la fidelidad crecía y un grupo de esos primeros jóvenes cubanos entraron al seminario diocesano, cultivando desde ahí y junto con el acompañamiento del padre Carlos Cox y el matrimonio Knopp González, su espíritu schoenstattiano. ¡Sólo eran tres!, ¡aperradísimos!

Y esos mismos tres padres diocesanos schoenstattianos son los que lograron – gracias a donaciones – viajar hasta los 100 años del movimiento en Alemania, encontrarse con nosotros e invitarnos a retomar esa misión que habíamos iniciado hacía 15 años desde este mismo Santuario, ya no en La Habana, sino en la parroquia del padre Bladimir en Santa Cruz del Sur, cerca de Camagüey.

Todas estas vueltas de la vida, estos caminos extraños y a veces difíciles, ¡las coincidencias! ¿Cómo no van a ser de Dios? ¿Cómo resistirse a este llamado? ¡Somos parte de algo grande, enorme! Nosotros no vamos por una inspiración propia: es el cielo que grita por nuestro aporte, pequeño, débil, lleno de inseguridades, pero, ¡fecundo, fecundo a fondo! Si esta misión es puro regalo: ¿quién tiene hoy la posibilidad de dar un semestre por los otros?, ¿cuántos pueden conocer otras culturas de verdad y no como turistas?, ¿cuántos tienen un semestre para meditar, hacer silencio, aprender, leer, soñar? Pocos, casi nadie. Universitarios: hemos sido elegidos, y no por cualquiera, sino que por la estrella más grande, la más fiel y la más bella, la Mater. Créanselo, créanselo de verdad porque lo es y dejémonos querer. El precio es nuestra entrega, renuncia, hacernos instrumentos para que El de Arriba obre lo grande con nosotros. Estamos seguros que lo hará.

Este 22 de Marzo (a las 19.30 en la Misa por si quieren ir), desde Campanario salimos tres y luego seguirán yendo unos tras otros, semestre tras semestre a vivir una experiencia inolvidable. No hemos hecho nada para ganarnos esto: no somos los más preparados ni los más santos (¡acuérdense de rezar por nosotros!); sólo los elegidos, pero confiamos en que “Dios no elige a los más dotados, sino que dota a sus elegidos”. A muchos de ustedes también los está eligiendo ahora para sumarse el próximo semestre, el próximo año, el que viene… ¿Qué tanto se lo piensan?

José Ignacio Sepúlveda
Matías Rodríguez
Vicente Jaramillo

P.D.: Para los motivados hablar con el Comandante Barañao al 8-4332480 o con el P. Pepo.

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