Hermandad en Nuestros Grupos de Vida – Primera Parte: Peregrinos

Durante la etapa de la juventud masculina, en varias oportunidades se habla de conformar en los grupos de vida “La comunidad de corazones”. Los jóvenes muchas veces se preguntan cómo llegar a ser dicha comunidad con los elementos propios del grupo. La meta en este caso es llegar a considerar a los miembros del grupo, un hermano de grupo de vida. Este proceso no se logra de un día para otro, pues requiere un cultivo en la relación y entrega generosa hacia el grupo, al que todos deben aportar según sus particularidades lo mejor de si mismos para el enriquecimiento de todos, en cuyo caminar se suele escuchar o surgir interrogantes como “…mis amigos fuera del grupo, mis amigos son distintos a ustedes, todos somos muy distintos, cuál es la diferencia entre amigo y hermano…”, etc. En los siguientes párrafos se abordará … … … … … en forma resumida una propuesta (pues puede haber y existen muchas más, tanto metodológica como pedagógicamente, del camino para llegar a ser hermanos de grupo en forma gradual y orgánica, siendo ésta la primera de tres entregas: Peregrinos, Amigos y Hermanos.

PEREGRINOS

Un término esencial en Schoenstatt es el ser peregrino. Sin embargo, hay que tener claro hacia qué peregrinamos, no al grupo ni a las reuniones, sino que esencialmente partir peregrinando al Santuario como el lugar predilecto desde donde María derrama sus gracias. El Santuario es el centro, de esta forma el joven que parte peregrinando construye un camino de meditación y así va captando la esencia de la importancia del Santuario, a cuyo alrededor se va forjando un movimiento y no viceversa. Peregrinar a este lugar en donde habita nuestra Señora, donde se aprende quien es, lo que significa ser sus servidores que nunca perecerán, allí donde los símbolos que se han conquistado en estos casi 100 años, adquieren todo su valor y significado; por medio de ellos también es posible develar de manera orgánica lo que es Schoenstatt.

En el rincón del Padre, se encuentra la imagen del Padre José Kentenich, en donde sus hijos espirituales están llamados a vincularse con él, conocer quien fue y su rol como Padre Fundador, al solicitar a la Santísima Virgen que se estableciese en esta capilla, guiado por la Fe práctica en la Divina Providencia. Ir conocoendo la vida del Padre Kentenich es también conocer la vida de Schoenstatt, en un camino que va tomando luces propias en las vinculación a las tres fuentes de vida: el Santuario, la Mater y el Padre Fundador.

El peregrinar muestra el camino que se va recorriendo, el terruño al cual este hombre nuevo está llamado a vincularse de forma radical trayendo consigo sus anhelos, esperanzas, alegrías y sufrimientos que se ofrecen a la Reina que allí habita, quien además conquista el trono del corazón. En este lugar habitan también los hijos predilectos de María, grupos de personas de distintas edades llamados a acoger a quienes cruzan su puerta. En esto el grupo de jóvenes cobra gran relevancia. Ellos son como Rama quienes reciben e invitan a su generación en un encuentro personal con el otro; sus muestras constantes de pasión y entrega nos ejemplifican la conquista de esa Iglesia perfecta en pequeño, que tanto habla el PJK. La vinculación a la Rama es la primera vivencia patente del espíritu de familia, propio de la Espiritualidad, donde cada miembro es la roca vital que sostiene y Cristo es la piedra angular. Al mirar esta montaña es posible identificar que cada roca es distinta de la otra, justamente en ello habita su riqueza, al ir descubriendo como en esta diversidad confluyen el acogimiento y los Ideales en común.

El vincularse en una primera instancia de forma personal a Schoenstatt, vinculación que de todas formas debe ser debidamente acompañada, también es un camino de gran riqueza espiritual, antes de entrar directamente a un grupo, principalmente porque el encuentro con Jesucristo es un encuentro personal, que una vez que se vive, se está llamado a compartir en comunidad. Pues el Padre Bueno es comunidad en la Santísima trinidad, siendo un llamado a ser fermento en la masa. Para ello este hombre nuevo necesita compartir, meditar, analizar y vivenciar sus ideales con un grupo de vida, como la Iglesia en pequeño que alimenta el Espíritu y lo renueva para, en lo pequeño, hacer las cosas grandes que consagren el mundo al Padre por medio de las manos educadoras de María.

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