Mes de la solidaridad

El letrero junto al semáforo decía «local exclusivo». Me dieron ganas de llorar a gritos. Pensé que en algún minuto nos lavaron el cerebro. Es cierto, mi  ciudad se llenó de letreros que rezan: «condominio exclusivo», «colegio exclusivo», «balneario exclusivo», «restaurant exclusivo».

¿En qué minuto nos pusimos esencialmente arribistas? ¿En qué momento pensamos que «solo» es siempre mejor y que «más» es siempre bueno? ¿En qué segundo nuestra estima se hizo tan frágil que pusimos nuestra meta en las zapatillas de colores? ¿En qué despiste nos hipnotizó -como decía Pablo VI-  la más grave forma del subdesarrollo moral?.

Me respondí, esto ocurrió cuando nos impusieron la vergüenza de ser pobres. Y me dio pena. Que un adolescente viva del miedo a no tenerlo todo, que viva unos años de un impulso ciego a llenarse de disfraces, es comprensible, pero que un país decida vivir así, adolescentemente de la apariencia…y que ese  sea su ideal de desarrollo, ¿no es para llorar de pena?.

Me acordé que cuando amaba en serio o cuando le veía la cara a Dios, cuando me nació un hijo Down o perdí a mi mujer, cuando mi mejor amigo descubrió su condición homosexual, mi compulsión por aparentar se me hizo patética. Ese día me pilló la prueba de la blancura y no estaba preparado. Me vi transformado en un ogro solitario.

Por eso descubrí que Jesús es culturalmente relevante, vitalmente relevante. Que no tiene que ver sólo con la otra vida, sino con esta también. Es relevante que nos libere del vivir de las apariencias.

Cuando mi país deje de vivir de esa compulsión por disimular su pobreza, cuando se conecte con todo lo que se ama y se sufre, volverá a humanizarse.  Volverá a crear colegios donde sean compañeros no sólo los talentosos, sino los diversos; volverá a construir barrios inclusivos y dejará de fabricar ghettos; volverá a innovar para mejorar la existencia de los que sufren y no para seguir acomodando la vida de los que vivimos cómodos. Volverá a cantar «vos sos un gordo bueno, la pinta es lo de menos».

Si todos nos viéramos como amigos el mundo sería más justo. Este es el lema del Mes de la Solidaridad. Nos urge esa amistad y sabiduría de los que se saben compartiendo un amor y un sufrimiento. Eso es un país. Pienso que no es cierto lo que dice el diccionario, ya que la solidaridad no es la adhesión circunstancial a la causa o al proyecto de otro. Pienso que la solidaridad es la conciencia de una vulnerabilidad común, de una suerte compartida. Es el orgullo de los hijos del mismo Padre, que aprenden a caminar con su pueblo, porque «no se trata de llegar antes y sólo, sino juntos y a tiempo».

En agosto, recordando al padre Hurtado en los 60 años de su muerte, soñamos construir un país distinto. Cuando llegue ese día se reconvertirá la industria de «lo exclusivo» y se focalizará en «lo inclusivo»: educación inclusiva, empresa inclusiva, cultura inclusiva, iglesia inclusiva.

Ese día, descubriremos algo increíble: que la vida vip no era vida y que la taza de té era una fiesta compartida.

Via: La Tercera

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